Aunque ya estamos viviendo en la nueva casa al principio no teníamos idea de mudarnos hasta finales de Abril, ya que teníamos pagado el alquiler de la casa anterior hasta entonces. Pero encontramos una “Sayonara Sale” en la que nos vendían unas cuantas cosas muy baratas, y tuvimos que adelantar la fecha de la mudanza.
¿Y qué es una “Sayonara Sale”? Resulta que en Kioto (No sé si en todo Japón) para tirar las cosas viejas hay que pagar una cantidad de dinero, dependiendo de la cantidad de cosas y el tamaño, componentes, etc… por lo que, cuando alguien se va de Japón (estudiantes de intercambio normalmente) le sale más a cuenta regalar las cosas, o venderlas por un precio simbólico. En varios sitios hay tablones donde poner los anuncios (pero de modo “offline”, típico corcho de pared), y dependiendo del sitio hay diferentes normas, como que el precio no puede ser mayor de 10.000 yenes, o el tiempo que mantienen el anuncio.
Tablón de anuncios , ¡Tiembla Manuncios!
Además, estas ventas suelen tener una fecha límite, normalmente el día que el vendedor haya llamado a los basureros o al reciclaje (lo cual también se estila mucho por estos lares) para que recojan lo que no hayan logrado vender.
En nuestro caso estábamos buscando una cama grande (El futón es muy bonito si se viene de visita, pero donde esté una cama…), y encontramos un cartel en la “Kyoto International Community House” (De la cual ya hablaré más adelante) en el que vendían una cama de 1,50×2,00 por 10.000 yenes, siempre que fuese antes del 1 de Abril.
Así que allí fuimos, y nos encontramos con Jacques y su mujer, un francés y una china encantadores, que se iban a Francia a pasar la jubilación, después de 22 años en Japón. Al final, por 20.000 yenes nos llevamos la cama con colchón, un sofá cama, una estufa “DeLonghi” de aceite, una librería, un armario de cocina, un frigorífico de dos metros con congelador y hielera “automática” y unos cuantos cachivaches de cocina (ollas, paños, cucharones…).
Seto, Jacques, su mujer y yo
La verdad es que ellos se quedaron encantados de poder deshacerse de los cacharros, y nosotros nos llevamos, por un precio ridículo, un montón de cosas de las que ya estamos dando buen uso. Así que, como me toca pasar por el tablón un par de veces a la semana (por las clases de japonés), seguiré mirando, a ver si alguien vende un Ferrari por 10.000 yenes